EL IMPERIO OTOMANO

(1300-1923)

Organización

El proyecto del creador de la organización otomana, Fatih Mehmed, era el de crear un imperio inmenso, el cual integraría a mongoles, musulmanes y cristianos. Para ello, su nueva capital, Estambul, comenzó a ser repoblada por gentes de muy distinta procedencia, y hasta dejó en libertad a los prisioneros de guerra para que se establecieran en la ciudad. También se animó al Patriarca Ortodoxo griego, Ghennadios Scholarios, al Catholicos armenio (1461) y al Gran Rabbí judío para que se establecieran allí, y se les permitió convertirse en jefes tanto civiles como religiosos de sus seguidores, constituidos en comunidades autónomas y autogobernadas, llamadas millet, que fueron las unidades de gobierno básico de las comunidades no musulmanas dentro del Imperio otomano. El primer líder de la millet era elegido por el sultán y a partir de él eran elegidos por la comunidad.

Mehmed II, a su muerte se había convertido en «el señor de dos mares y dos continentes». Durante su gobierno también se crearon las instituciones que iban a ser características de este Imperio. El elaborado ceremonial y el sistema de jerarquías de la corte bizantina fueron recreados en la del sultán, a fin de separar al sultán del pueblo para que fuera un gobernante respetado y temido. La autoridad del sultán se vio también reforzada por la alianza de intereses de los grupos no musulmanes con los suyos propios. Eliminó a las grandes familias de la estructura de la administración y nombró a Zaganos Paşa como gran visir, después de matar a Candarli por traidor.

Para evitar la desintegración del Imperio que le sucedía a los Estados turcos, que dividían el Imperio entre varios sucesores, Mehmed y sus sucesores establecieron el principio de indivisibilidad de poder, con todos los miembros de la clase dirigente sujetos a la voluntad del gobernante. Se estableció el principio que seguirían todos los gobernantes hasta el siglo XVII: ejecutar a todos los hermanos inmediatos a fin de eliminar las disputas dinásticas y, como gobernante, el padre elegía al más capaz entre sus hijos. Finalmente Mehmed empezó el proceso por el cual estas disposiciones fueron codificadas en el Kanunname, tarea terminada por Suleyman el Magnífico.

La nobleza otomana estaba por encima de los raiyeh (literalmente, el ‘rebaño’), pero no tuvo cargos en el gobierno hasta que su presión obligó a Solimán el Magnífico a admitirlos, a mediados del siglo XVI. La administración otomana estaba en manos de una Casa de Esclavos, que era reclutada entre los no musulmanes, y educada desde la infancia para ocupar cargos directivos. Incluso hasta el visir del sultán era un simple esclavo, que de un momento a otro podía ser desposeído de su vida y bienes.

abril 12, 2010 Posted by | Organización Social | Deja un comentario

   

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